Historia |
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A lo largo de la historia La Palma ha recibido numerosos nombres. Puede que la Junonia Maior que aparece en el texto de Plinio el Viejo haga referencia a La Palma. También recibe, tradicionalmente, el nombre de San Miguel de La Palma. Los aborígenes la denominaban Benahoare (mi tierra). Actualmente son muy populares los sobrenombres de: La Isla Bonita, La Isla Verde o La Isla Corazón. Los primeros habitantes de La Palma eran los benahoaritas, auaritas o awaras. En el momento de la conquista, estaba dividida en 12 cantones. Los primeros textos sobre La Palma datan de la Baja Edad Media (siglos XIV y XV). Aunque faltan datos concretos al respecto, se calcula que la población en ese momento, podía oscilar en torno a los 4.000 habitantes. Los aborígenes vivían fundamentalmente del pastoreo de cabras, ovejas y cerdos y recolectaban frutos y raíces con los que elaboraban una especie de harina a la que llamaban "gofio", hecha con raíces de helecho y amagantes, que tostaban y molían. Se cree que el origen de los aborígenes de la isla de la Palma proviene de algunas tribus bereberes con emplazamiento al noroeste del continente africano. Se desconoce si vinieron por propia voluntad o llegaron de otra forma a través de otras civilizaciones mediterráneas como los (romanos o fenicios). Los aborígenes palmeros también tenían un sistema de gobierno que aunque primitivo permitía discutir sin peleas muchos de los problemas existentes, esta institución era el Tagoror. Asimismo, dentro de la comunidad se le daba mucha importancia a la familia y permitía unir a varios miembros en grupos por mismo linaje de sangre. Esta unión podría ser de primer orden o nuclear (padres e hijos) o también retrospectiva o extensiva (un antepasado común). A partir del siglo XVI, la colonización de La Palma ofrece a los nuevos pobladores posibilidades diversas de progreso económico: tierras de cultivo, entrada en el circuito comercial entre América y Europa y el abastecimiento de manufacturas a las islas. Junto a los pobladores españoles llegarán portugueses, genoveses, franceses y flamencos, que se mezclarán con los indígenas que quedaron tras la conquista. Se dedicarán principalmente a la agricultura, que va a girar en torno a la producción y comercio de monocultivos de exportación, beneficiados del clima canario y cuyo control generará grandes fortunas. El primero de estos productos será la caña de azúcar, que a partir de la segunda mitad del siglo XVI será sustituido por los vinos canarios. Asimismo, llegarán grupos de población morisca y negros africanos, capturados para utilizarlos como esclavos en las plantaciones, o como mano de obra en el uso de maquinaria agrícola, a pesar de una carta papal de 1434, en la que Eugenio IV los declaraba gente libre, prohibiendo el tráfico de hombres en la isla. En 1514, cuando se les equiparó en derechos, fueron siendo bautizados, mezclándose con los colonos europeos. La caña de azúcar fue introducida por Alonso Fernández de Lugo. Los territorios de la isla fueron divididos entre mercaderes, agricultores y artesanos europeos. De esta forma, en 1508, Juan Fernández de Lugo vendió sus cultivos de caña de azúcar así como reservas de agua en Tazacorte y Argual un andaluz apellidado Dinarte; éste los vendió un año más tarde a la Familia Welser, que los transmitiría al belga Jakob Groenenberch (Jacobo Monteverde), que terminaría por vendérselos a su compatriota Van de Valle. A partir de 1553, el cultivo de la caña de azúcar dejó de ser rentable debido a la producción en masa proveniente de América Central y Sudamérica. Muchas de las plantaciones pasaron a dedicarse a la producción del vino. El vino de malvasía producido por los suelos volcánicos jóvenes del sur de la isla se convirtió en la principal exportación de la isla. El principal cliente de los vinos palmeros fue Inglaterra. El esplendor del vino palmero duró hasta el siglo XIX, cuando hubo un declive provocado por el cambio de gustos de los consumidores.[cita requerida] Sin embargo, aún hoy en día se sigue cultivando y produciendo vino de malvasía aunque no sea el vino preferido por las masas de consumidores. En el siglo XVI recibió La Palma, tras Amberes y Sevilla, el privilegio del comercio con América. El puerto de Santa Cruz de La Palma se convirtió enseguida en uno de los puertos más importantes del Imperio Español. Esta nueva fuente de riqueza atrajo a su vez a los piratas que atacaban la isla para apropiarse de los tesoros llegados de las Indias. François Leclerc y su grupo de piratas franceses tomaron la ciudad en 1553 robando todo lo transportable y quemando lo que no era posible de transportar. Tras esa catástrofe hubo que reconstruir las casas, iglesias y conventos de la ciudad así como sus fuertes defensivos. Con las nuevas defensas, se pudo rechazar el ataque de Francis Drake de 1585, el cual no pudo llegar a desembarcar. El comercio con América también generó otra serie de actividades como los astilleros. Santa Cruz de La Palma atrajo a muchos comerciantes extranjeros (flamencos, franceses, castellanos, italianos, portugueses, etc.) dándole a la localidad un aire internacional. Las calles con nombres extranjeros son aún hoy testigos de esa época, como la calle O'Daly (irlandés) o la calle Vandale (flamenco). El declive comenzó a mediados del siglo XVII debido a una concesión de 1657 que obligaba a todos los barcos con destino América a registrarse en Tenerife. En 1778, Carlos III abrió todos los puertos de España al comercio con América, impidiendo que Santa Cruz de La Palma se recuperara de la crisis económica en la que se encontraba inmersa en aquellos momentos. Sin la amenaza pirata, la vida en La Palma prosiguió su rumbo de forma tranquila. De cada crisis económica sufrida, se levantaba la isla, no por poseer riquezas minerales sino por la fertilidad de su tierra. Tras el cultivo de la caña de azúcar y de la vid, se pasó a la producción de miel, tabaco y seda. Desde principios del siglo XVI había comenzado la plantación de moreras, convirtiéndose La Palma en un foco de producción de seda. En 1830 se introdujo desde México el cultivo de la cochinilla, un parásito de las tuneras del que se extraía carmín. Con el desarrollo de los tintes sintéticos en 1880, el cultivo de la cochinilla dejó de ser rentable. Para salir de esta crisis se introdujo el cultivo del plátano impulsado por Elder y Fyffes, dos compañías británicas en 1878. Mientras tanto, el pueblo llano apenas se veía beneficiado con las riquezas que producía la isla. Todavía en el siglo XIX, la mayoría de los habitantes de la isla vivían en casas de madera con techos de paja, debido a los altos costes que suponía erguir casas en piedra. Uno de los principales problemas era la falta de bienes de consumo. Debido al monocultivo practicado en la isla, faltaban tierras donde cultivar grano para alimentar a la población. Desde el siglo XVI se tenía que importar el grano, pagándose por él precios muy altos. El párroco de La Palma pagó sus impuestos con millo, lo que impulsó a la población a hacer lo mismo. La Inquisición dictó un Anatema sobre toda la isla provocando que durante varios años no se practicara ningún entierro cristiano. La pobreza en el campo era tan grande, que en muchas familias los desnutridos y mal vestidos hombres y mujeres, como relató el misionero Juan de Medinilla en 1758 en una carta al obispo, debió a la falta de ropa deben acudir por turnos a la misa de los domingos y festivos. Al producirse el levantamiento militar de 1936, que daría lugar a la Guerra Civil española, la isla de La Palma se resiste al golpe y mantiene la legalidad republicana entre los días 18 y 25 de julio, cuando llega a la ciudad de Santa Cruz de La Palma el cañonero Canalejas. Este periodo de tiempo será conocido como La semana roja. El golpe militar fracasa en esta isla al ser interceptado por el jefe de telégrafos el mensaje dirigido por los golpistas al comandante militar Baltasar Gómez Navarro, que debía dirigir el golpe en La Palma. En esos momentos era Delegado del Gobierno en la isla Tomás Yanes Rodríguez, de Izquierda Republicana. Al llegar las noticias del golpe el Frente Popular declara la huelga general, y se forman las milicias populares pero la Delegación de Gobierno no autoriza la toma del cuartel militar y trata de evitar siempre que las organizaciones obreras tomen demasiado poder (en estos momentos destaca la figura del comunista José Miguel Pérez, y en algunos municipios como Tazacorte las organizaciones comunistas tienen una gran importancia). A la llegada del cañonero Canalejas la Delegación del Gobierno decide no ofrecer ningún tipo de resistencia armada y ordena desmovilizar a las milicias populares confiando en que el Gobierno de la República mande refuerzos, que el golpe fracase y que la legalidad se restablezca en toda la nación. La Guerra Civil no se libró en las Canarias, pero pese a ello sí se sufrieron las consecuencias de la misma. El periodo de la posguerra unido a la crisis económica producida trajo años de penurias a la isla. Debido a la carencia de bienes de importación, los palmeros tuvieron que basar su alimentación en el plátano, generando una gran variedad de productos derivados del mismo como la harina de plátano. Una vez finalizada la posguerra La Palma fue desarrollando su economía e infraestructuras poco a poco. Se recuperaron las exportaciones del plátano y comenzó la construcción de carreteras y canales para transportar el agua de los riachuelos a los campos de cultivo. La obra más importante de la época fue la construcción de la carretera de la cumbre, que unía los municipios de Santa Cruz de La Palma y Los Llanos de Aridane a través de un túnel por debajo de las cumbres de la isla, acortando bastante la duración del recorrido unido a la puesta en funcionamiento del aeropuerto. Con la llegada de la democracia, la economía de la isla, fuertemente dependiente de la agricultura del plátano, se fue diversificando hacia otros sectores especialmente el turístico, que constituye hoy en día el principal motor de la economía canaria. |
